El hombre que creó Dios era de luz

Cuando Dios creó al hombre, lo hizo a partir de su espíritu. Es decir, nuestro modelo original no era físico, sino espiritual. El hombre carnal que somos hoy es una degradación del ser espiritual que fuimos en esa primera creación. La alteración ocurrió tan pronto como nuestros primeros progenitores transgredieron el mandato divino. El relato de la vida de Adán y Eva dice:

“Adán y Eva lloraron por haber salido del jardín, su primera casa. Y, de hecho, cuando Adán miró que su carne fue transformada, lloraba amargamente junto con Eva, por lo que habían causado.”

Quienes nos dieron origen fueron transformados: de cuerpos de luz a cuerpos materiales. De una creación espiritual pasaron a una creación física. Esa transformación fue necesaria para que el castigo por la transgresión se cumpliera en el cuerpo, y no en el espíritu. Porque si el espíritu hubiera sido condenado, no hubiera habido posibilidad de salvación. La paga por el delito espiritual es la muerte. Y el delito fue la desobediencia al mandato espiritual que Dios, el Creador, les había advertido no violar. Tuvieron que salir del Edén, porque ese lugar pertenece a la dimensión de Dios, accesible solo a quienes tienen un cuerpo de luz, no uno físico como el que adquirieron tras la transgresión. Una dimensión que no está hecha de materia como la que nos rodea.

Desde esa alteración, los hombres comenzaron a nacer en la tierra, en el reino animal. La primera pareja fue creada en los dominios espirituales, y Dios los colocó en un bello jardín para que vivieran. Ese jardín era parte del Reino de Dios. No era un lugar separado de sus dominios y gobierno aquí en la tierra, sino el acceso entre el señorío divino y el mundo material.

Hay dos relatos del origen del hombre en la Biblia. Dos fuentes de memorias de su creación que parecen discrepar el uno del otro. Esto es debido a que no se pueden entender de forma textual cohesiva. Como no se escribieron de manera relacionada, quedaron aparentemente desligados el uno del otro, uno en un relato de una creación espiritual y el otro en uno terrenal. En el libro del Genesis no se incluyó los anales de la creación de la primera pareja espiritual dotada de la imagen de Dios que es el libro de la vida de Adán y Eva y que considero la versión correcta de su creación.

El relato de Genesis 1 dice que Dios hizo al hombre a su imagen y a semejanza de los seres espirituales. Aunque usamos el vocablo hombre para describir esta creación de Dios, el hombre no era hombre en el sentido estricto de la palabra humana. Debido a que hombre es lo que somos hoy en día y Dios hizo nuestro modelo inicial, Adán y Eva, de naturaleza espiritual como es Él. El libro de Adán y Eva usa la palabra brillante. Muchos autores de las Escrituras la denominan de luz.

En el capítulo 2 del mismo libro de Genesis la creación del hombre se relata así: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Creer que Dios nos creó a su propia imagen y pensar que nos creó del polvo implica una contradicción. Debido a que la palabra imagen en el contexto de Genesis 1 significa representación, semejanza y apariencia de Dios. Esta apariencia, esta forma física que tenemos no es la de Dios, es la de nuestros padres terrenales. En realidad, hoy en día no existe la imagen de Dios en nosotros como al principio porque cuando Adán y Eva desobedecieron les quitó esa semejanza que se describe como brillante en el libro de la vida de Adán y Eva y les proveyó de un cuerpo material.

No existe entonces una apariencia o imagen de Dios real en la versión de la creación del polvo. En el relato del capítulo 2 el muñeco de barro se convierte en un ser viviente por el soplido de vida de Dios. La versión afirma que Dios creo al hombre un ser físico y luego le dio vida con el soplo o espíritu de la fuente divina. Entonces el hombre fue carne y la carne se tornó viva con el espíritu que Dios le dio, pero nunca fue un ser completamente espiritual como relata el libro de la vida de Adán y Eva.

No obstante, nuestra creación original fue espiritual. Fuimos hechos seres espirituales y nuestros cuerpos espirituales fueron alterados a seres animales por la trasgresión de nuestros primeros padres. Este entendimiento se perdió en la humanidad hasta ahora. No es que recién tenemos esta información. Estuvo por lo menos accesible al tiempo de la formación del canon. La iglesia adoptó la creencia de que fuimos creados del polvo y Dios sopló su Espíritu para darnos vida. Esta mentalidad ha estado obstaculizando nuestro verdadero destino, nuestro crecimiento y transformación espiritual.

Fuimos originalmente creados seres espirituales dotados de corazón, razón, habla y el Creador nos dio una carne. Esa “carne” entre comillas no era como la que tenemos ni funcionaba como lo hace al presente de ninguna manera. Por ejemplo, Adán y Eva no tenían un cuerpo cubierto con piel como el que tenemos nosotros. El libro de su vida dice lo siguiente sobre el tema: “Pero cuando me enteré de tu transgresión, te privé de esta luz brillante. Sin embargo, por mi misericordia, Yo no te convertiré en oscuridad, pero te he hecho un cuerpo de carne, y te di una piel que pueda soportar el frío y el calor.”

Según esta fuente eso que nosotros llamamos la muerte eterna, la identificamos con fuego y la llamamos infierno es en este relato de la creación humana, la oscuridad o tinieblas eternas. Adán y Eva no conocieron lo que eran las tinieblas hasta que llegaron al exilio en la tierra, porque Dios es luz y su luz ilumina todos los señoríos donde su Palabra es respetada y obedecida. En sus poderíos no existen luminarias para proveer de luz.

Dice al respecto Adán al Señor:

“Y esta oscuridad, oh Señor, ¿Dónde estaba antes? … En todo el tiempo que estuvimos en el jardín no la vimos, ni siquiera sabíamos que existía, Eva no me era oculta, ni yo a ella y no había oscuridad que nos separara. Tanto ella, como yo, estábamos ambos en una luz brillante.”

Esta oscuridad de la que habla Adán nos separó de la luz de Dios. Esto fue consecuencia de la desobediencia a la Fuente, que los privó de su Luz. La única Luz real y original que existe es la de la naturaleza propia de Dios. De hecho, solo 5% del universo es visible y 95% es materia y energía oscura. Dentro del porcentaje visible se encuentran las estrellas las que emiten luz propia. Todo lo demás —planetas, cuerpos, criaturas— solo reflejan lo que reciben. Pero incluso la luz de las estrellas tiene un final. Nacen, brillan por un tiempo, y luego mueren. La luz del Creador, en cambio, no tiene ocaso. Es eterna. Y esa era la luz que vestía a la primera pareja: una luz que no provenía del sol ni de las estrellas, sino del Espíritu mismo. Pero al tomar del conocimiento del mal, esa luz se apagó. No porque Dios los destruyera, sino porque la presencia que los iluminaba se retiró. Fueron dejados en un mundo sin luz propia, y Dios, con compasión, creó el sol: una lámpara prestada para iluminar sus días. Tenemos luz alumbrando el planeta porque la Divinidad en su misericordia hacia nuestros primeros padres les proveyó de las luminarias, como el sol, para que no vivieran en una oscuridad constante.

La historia del libro de Genesis, del muñeco de barro, no es la que cuenta el libro de Adam y Eva. El relato cuenta que fue al revés. El hombre fue primeramente un ser espiritual y por la caída hubo una alteración que lo convirtió primordialmente en terrenal, o como nos vemos actualmente, juntamente con todas sus funciones vitales o fisiológicas. Este cuerpo tal como lo vemos hoy en día fue el resultado de la caída espiritual que tuvieron nuestros primeros progenitores.

El haber sido privados del cuerpo de luz o espiritual que Adán y Eva tenían fue un fallo de la justicia espiritual. Dios les advirtió que si comían el fruto del árbol del conocimiento del mal tendrían que morir diciéndoles. “No coman del fruto de ese árbol, porque el día en que coman de él, tendrán que morir.” La transformación ocurrió para que pudieran ser salvos de la oscuridad y de una condenación eterna que el iniciador de esta carrera de muerte, un ser espiritual, había recibido. El cuerpo iba ser un vehículo de castigo y a la vez de salvación. Lo que había que salvar es el espíritu. Nuestra verdadera naturaleza y ser. Dios no podía dejar sin sentencia a nuestros primeros padres porque el pago de la desobediencia espiritual es la muerte, pero los iba a salvar. La pena y la lección fue la muerte del cuerpo para poder así salvar el espíritu.

Entonces, la muerte resulta así en una maldición que se convierte en bendición. La muerte física termina con nuestro cuerpo, pero el espíritu que Dios nos ha dado, su espíritu, no puede morir. El cuerpo muere porque el espíritu se retira de él. Los espíritus van hacia la luz con Dios o a las tinieblas si desecharon por propia voluntad la reconciliación con Dios. En los planes de Dios el cuerpo sería necesario por si Adam y Eva elegían el camino incorrecto. Y eso podría ocurrir por su libre albedrio. Por la capacidad con que Dios nos creó de ser libres, de elegir nuestros propios caminos. Desde el comienzo de la primera transgresión y aun desde su creación Dios ha estado involucrado en cuidar o salvar a su hijo de la decisión incorrecta si era necesario. Además, según el texto de Adán y Eva, el cuerpo se alteró para que pudieran sobrevivir en la tierra. Ya que la naturaleza de su vida iba a ser terrenal, tal como la conocemos ahora, y esto ocurrió desde el momento preciso que tuvieron que dejar el Edén.

Continúa el relato del libro donde habla que nuestros primeros padres antes de la transgresión no habían vuelto sus corazones hacia las cosas terrenales diciendo que: “Por eso Elohim, tuvo piedad de ellos, y cuando los vio disminuidos ante la puerta del jardín, le envió Su Palabra a nuestro padre, Adán y a Eva, en su estado caído.”

Cuando dice que los vio disminuidos quiere decir que nuestros primeros ancestros perdieron las fuerzas o aptitudes, facultades y dones con que habían sido dotados originalmente, y esas no venían de la carne sino del Espíritu. Para que tengan una idea de las capacidades espirituales que hablo, piensen en las maravillas que hizo Jesús en su travesía por la tierra.

La primera pérdida que tienen es la del cuerpo de luz o brillante con el que habían sido creados al principio. Cito algunas partes del escrito aquí.

“Y el Señor dijo a Adán y a Eva: Ustedes han transgredido por su propia y libre voluntad, y salieron del jardín en el que yo los había colocado. Por su propia y libre voluntad han transgredido a través de su deseo por la divinidad, la grandeza, y un estado exaltado, como el que tengo, así que yo les privé de la naturaleza brillante, que entonces tenían, y los hice salir del jardín, a esta tierra, áspera y llena de problemas.”

Cuando el Señor les dice” “les privé de su naturaleza brillante” les está diciendo que les privó de su naturaleza espiritual, que era la imagen y semejanza de Dios, porque habían trasgredido ejercitando su propia y libre elección.

Continúa el texto diciendo en otra parte: “Y dijo Adán a Eva. “Nuestros ojos antes miraban ángeles alabando en el cielo, y ellos también a nosotros, sin cesar. Pero ahora no vemos como lo hacíamos; nuestros ojos se han vuelto de carne y no pueden ver como antes. Dice de nuevo Adán a Eva, ¿Cuál es nuestro cuerpo el día de hoy, en comparación con lo que fue en los antiguos días, cuando vivíamos en el jardín?”

“Entonces el Señor Elohim dijo a Adán, “Cuando estaban sometidos a mí, ustedes tenían una naturaleza brillante por dentro, por esta razón podían ver las cosas celestiales. Pero después de su transgresión, su naturaleza brillante les fue quitada y ya no pueden ver las cosas celestiales, solo lo que es de la tierra y que está al alcance de sus manos, la capacidad de la carne, que es brutal.”

Hubo sin duda un cierre en la capacidad de poder ver el mundo que nosotros llamamos espiritual. Su forma espiritual se había transformado a un cuerpo terrenal. Sus ojos se volvieron físicos. Fue una transfiguración en su forma corpórea espiritual. Es difícil explicar la apariencia espiritual con que Dios había creado a Adán, pero ese cuerpo no tenía la naturaleza física de nuestro cuerpo carnal, ni su fisiología.

En una sección del texto de Adán y Eva, Adán le pide sacarlo del cuerpo alterado después de la trasgresión. “Entonces Adán lloró ante el Señor, y dijo: “Oh Señor he transgredido un poco, sin embargo, el castigo es severo, te pido que me liberes de sus manos o de lo contrario tengas piedad de mí y tomes mi alma fuera de mi cuerpo ahora y los saques de esta tierra extraña.”

Aunque Adán entendía el delito que había cometido, no comprendía la magnitud del impacto de lo que había desencadenado en él y en su descendencia, la humanidad. Lo primero que le pide a Dios es que “lo libere de sus manos”. ¿De qué manos hablaba? De las manos del ángel transgresor en las cual había caído por la desobediencia. Adán no le estaba pidiendo la muerte. Le estaba pidiendo volver a su estado o cuerpo espiritual antiguo y de luz. El estar en un cuerpo animal y morar en el planeta tierra era para la primera pareja humana como el calabozo de una prisión. Era el castigo que recibieron por la letal infracción de haberse entreverado y desatado el conocimiento del mal en los hijos de Dios.

Desde que ocurrió la transformación de espiritual a terrenal no podemos ver más allá de nuestras narices, pero el plan de Dios, desde el principio de la caída, fue el que recuperemos las fuerzas o aptitudes, facultades y dones con que habíamos sido dotados originalmente en el espíritu y por el Espíritu. Es decir, debe haber una inversión de material a espiritual interior para crear un equilibrio verdadero hasta que nuestros propios cuerpos sean transformados por Dios. Esto es algo que Jesús logró y que demostró a través de las diversas manifestaciones de los poderes de Dios en su cuerpo transformado por el espíritu.

El libro de Génesis cuenta que después que Dios los creó los puso en el Edén, un lugar paradisíaco pero terrenal. Sin embargo, en la obra que menciono, el Edén era un lugar donde la materia no podía habitar. Y si carne animal no podía habitar tampoco el ángel caído tomando posesión de una serpiente podría haber estado en el jardín. El Edén estaba en un lugar considerado la frontera de la tierra con el cielo de Dios. Este punto de conexión abierto entre nuestra tierra y el reino celestial fue cerrado cuando los primeros padres violaron el mandamiento. Debido a que no puede habitar en los dominios de Dios la desobediencia a su ley. El jardín del Edén era parte de los ámbitos de Dios o su Reino.

La intención de los constructores de la torre de Babel en edificar una torre que tocara el cielo, además de la arrogancia y desafío humano a la autoridad de Dios, fue la de crear una entrada al Reino en contra de la voluntad divina que la había cerrado a los seres humanos. Entre la gente antigua debe haber existido un conocimiento rudimentario de un portal, de una comunicación entre tierra y cielo. Porque en realidad la hubo, el jardín del Edén. Por la única razón que Adam y Eva podían estar allí era porque tenían una forma de luz o espiritual como tiene Dios y porque se sometían a su gobierno.

Cuando nuestros primeros padres transgreden la orden de Dios, este los expulsa del Edén porque violaron el mandamiento y porque hubo una transformación física. Para volver al Edén debemos ser transformados en seres espirituales. Una promesa que Dios hizo a Adán y a nosotros su descendencia. El Edén del que habla el relato de la vida de Adam y Eva era un lugar espiritual donde no podía habitar la materia tal como existe en nuestra dimensión o espacio. Dice en una parte del mencionado texto: “Entonces Adán y Eva regresaron de nuevo a la cueva, estando tristes y llorando debido a la alteración que sufrieron sus cuerpos. Y ambos sabían desde esa hora que eran seres transformados y que toda esperanza de volver al jardín ahora estaba perdida, y que no podían entrar en él. Ahora sus cuerpos cumplían funciones extrañas para ellos y entendieron que toda carne necesita de los alimentos y de las bebidas para subsistir y que ya no podían entrar al jardín.

Entonces dijo Adán a Eva, “He aquí, nuestra esperanza está ahora perdida, y también lo está nuestra confianza para entrar en el jardín. Ya no pertenecemos a los habitantes del jardín, pues a partir de ahora somos de la tierra y el polvo, y de los habitantes de la tierra. No vamos a volver al jardín, hasta el día en que Elohim ha prometido salvarnos, y para traernos de nuevo en el jardín, como Él nos prometió. “

El libro de Adam Y Eva nos cuenta que los primeros seres humanos tenían un cuerpo de luz o espiritual. Este cuerpo fue alterado o transformado a uno terrenal o animal. Una pequeña porción de la luz de Dios que anhela y busca la reconciliación con nuestro Padre creador quedó en nosotros. En tanto que más nos alejamos de Dios más la luz en nosotros se empequeñece. Mientras más crecimiento espiritual ocurre en nosotros, a través del proceso de la transformación espiritual, más luz brilla de adentro nuestro. Las Escrituras dicen lo siguiente acerca de esa manifestación de luz en los hijos de Dios.

“Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.” ¿Porque es tan importante comprender el alcance del significado de esas palabras? Porque la luz vence a las tinieblas. La luz de Dios no existe ni en la tierra ni el cielo arriba nuestro o el que rodea los planetas. Solo existe parcialmente en sus hijos. Esos hombres y mujeres que por la reconciliación del perdón divino entraron en su pacto.

Cuando nuestros primeros padres fueron vencidos por la entidad caída les dio una profecía de fe y de esperanza diciendo: “Pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón.” Esa enemistad significa conflicto entre los hijos de la luz y las entidades de las tinieblas. Esta hostilidad espiritual va a ser ganada por los hijos de Eva cuando nosotros, su descendencia, aplastemos o pisemos su cabeza. Esa imagen indica dominio, control absoluto sobre el mal, recuperación del poder absoluto y gobierno sobre el planeta tierra. Va a ser el cumplimiento de la petición de Jesús al Padre, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Este dominio requiere de una transformación y trascendencia del ser humano volviendo a su origen espiritual como al principio cuando se encontraban en el jardín, llenos de la gracia y de la brillante naturaleza con que Dios los había creado.

Cuando Dios venga a poner fin la maldición de la muerte en la que quedó atrapada la humanidad, la tierra y toda la creación material por la primera transgresión, ya no va a haber más necesidad del sol. Porque las tinieblas serán retiradas por Dios para siempre y su luz iluminará completamente. Todo va a ser nuevo y diferente de como lo hemos conocido hasta ahora y la voluntad de Dios se hará en la tierra como en el cielo. Dios es luz y nosotros fuimos hecho a su imagen y semejanza. La meta del ser humano, que así lo quisiera, es la de volver a su origen espiritual de luz

La Caída Parte 1

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